Del Ejército y San Pedro

Agradezco los comentarios de algunos de mis lectores de Quetzaltenango, San Marcos y de la Capital por el artículo publicado el último sábado. Sigue leyendo

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¿Simonía maya?

Hace unos años, después de una conferencia sobre la transformación religiosa durante el conflicto armado interno, un antropólogo dijo en son de broma que quienes eventualmente terminarían “matando” la espiritualidad maya serían las generaciones jóvenes.

Esto lo dijo porque había visto cómo algunos sacerdotes jóvenes se auto nombraban “ancianos” y comercializaban con la espiritualidad maya. Por aparte, y en un ámbito distinto, un conocido dirigente maya también calificó estas acciones como simple “vara tráfico”.

Si bien es cierto que la situación económica del país está bastante mal, eso no justifica que otros se pongan a vender, cual acto de simonía, falsificaciones de la espiritualidad maya. Digo falsificación porque lo que éstos comerciantes hacen, dista mucho de lo que practican los ajq’’ijab mayas que se han ganado el puesto a pulso por sus méritos, constancia y responsabilidad probadas y por las cuales también se han ganado el respeto de sus respectivas comunidades.

En esta era global y neo liberal es comprensible que se quiera competir con Urbano Madel, con los que utilizan el horóscopo chino y otros, incluso con los ladinos y extranjeros que comercian con el calendario maya cual zodiaco por internet.

Tal vez está bien agenciarse de fondos vendiendo calendarios y agendas para luego utilizar ese dinero para beneficio personal, colectivo o de promoción cultural. Pero estoy en desacuerdo en hacer creer y querer creer que la cuenta maya de 260 días pueda funcionar como horóscopo cuando para eso también existe un zodiaco maya.

Lo peor, es que por esto muchos van a confundir que la espiritualidad maya es determinista al estilo cristiano donde Dios sabe quien va a ir al cielo y quien al infierno; que a través del conocimiento del día de nacimiento de una persona se pueda predecir “su destino”. Esto sí es una aberración. Yo no creo que Ajaw, Dios, Alá, Zeus, Júpiter y cuanto dios exista, sea tan inconsistente al haber creado la humanidad y luego negar el libre albedrío.

Estoy consiente, como platiqué con un ajq’’ij, que los mayas como ciertos ladinos que comercian la espiritualidad maya; encuentren una fuente de ingresos en la venta de calendarios y agendas como cualquier otro objeto, pero no en crear expectativas que eventualmente niegan las posibilidades derivadas del esfuerzo personal. El éxito laboral ni el sentimental dependen de un calendario; porque si no, nos iría mejor atenernos a la ciencia y a la biogenética para asegurar el futuro de los descendientes de este país.

CHUWACH IN man utz ta lo ri tajin kiban jujun qachalal che uk’ayixik kiwujil chirij ri cholq’’ij. Jun chi ba lo ri ubeyal ri qacholq’’ij. Weta’’m chi rumal nuchomanik e k’’o lo wa’ qachalal kape kiwoyowal pa nuwi’’. Kape ta puch, xa kinbij ri kinchomaj.

Día de difuntos

Creo que solo para estos días se puede pensar que el pasado fue mejor, siempre y cuando hablemos de momentos agradables que vivimos con los que ya no están en este reino de maldad y corrupción.

Recordar a los que ya se fueron a Xibalba, al inframundo o al purgatorio conforme las distintas creencias religiosas, quizás nos haga olvidar por un rato el infierno terrenal al que nos ha llevado el FRG. Estos son días para dedicar a los seres queridos que ya no están con nosotros, son días para visitarlos y de manera metafórica, para hablar con ellos, compartir con ellos.

Tal vez por esto, en el cementerio de mi pueblo natal hay más festejo que tristeza. Este es un festejo solemne en el que participan vivos y muertos, donde se congregan familiares distantes y es quizás la única oportunidad anual de encontrarse con los amigos de infancia.

En mi pueblo, la preocupación no es el fiambre; sino el ayote en dulce con elotes y camotes. En San Andrés Xecul es arroz con leche, y en otros lugares son frijoles blancos. Desde muy temprano las familias se dedican a preparar las flores y coronas que depositarán por la tarde en los sepulcros de los que ya se han ido.

Mientras la tarde cae, el cementerio cobra vida; más y más visitantes llegan a adornar los sepulcros. El olor a pino y el incienso aromatizan el ambiente. El dolor se olvida o se oculta, se habla con los muertos cual personas ausentes que no estaban enteradas de los últimos hechos familiares. A los muertos se les da la vida y se les convida a comer, a beber y a veces hasta a escuchar la música que en vida disfrutaron. Antes, había una sola banda de música en el lugar, ahora son tres, por lo menos.

Las familias quieren recordar y agradar a sus muertos. Todos saben que esto no es posible; pero cada quien hace lo mejor que puede, tal vez pensando que cuando nosotros mismos estemos en ese lugar, también nos gustaría ser recordados de la misma manera. Los muertos también participan de nuestras tristezas y en su silencio nos consuelan a su manera.

El cementerio de Cantel está en una loma, es una de las partes más altas del lugar que ve de frente la salida del sol y está resguardado por unos cipreses viejos. Cada mañana, la luz del día despierta primero a los muertos y después a los vivos. En esta época, el vaho que se levanta en la madrugada simboliza el alma de los difuntos que salen al encuentro de los vivos.

El camino que lleva al cementerio es empinado, y ahora más que nunca se llena de gente que sube y baja. Las antiguas animosidades quedan sepultadas, todos son amigos, quizás porque la muerte nos recuerda un camino común, o tal vez porque se sobrepone la memoria de los ancestros.

KAQIL BA KIB JELA’. Kinbij apan chike ri wachbilal chi kaqil ba na qib chuweq xeqal pa jom. Kine’ ba wa’ che unaʼ’tajik nunan, wanab, watiʼt, numam puch.


NB: “¿Qué le gustaría al difunto?” Foto de Rous Véliz, tomada de https://flic.kr/p/aBDttS