Küpüka


Para variar de los temas abordados en las últimas columnas, transcribo un cuento que la profesora Elisa Loncón, una amiga y lectora mapuche de Chile, ha adaptado de la historia oral y que ha tenido la gentileza de compartirme.

De hecho, esto lo conocemos en Guatemala en versión masculina como el dueño de la montaña, pero en Chile es en versión femenina. Dice entonces este cuento mapuche:

“Existe la dueña de la montaña, existe Küpüka dicen los mapuche. Una vez un hombre que andaba buscando sus animales en la montaña se perdió. Se hizo de noche tratando de encontrar el camino que le llevara de regreso a su casa pero fue imposible hallar su ruta así que decidió alojarse en el monte. Cuando se acomodaba para descansar y dormir, de pronto vio un fuego en medio del bosque, al acercarse descubrió que había una casa hecha de materiales recogidos del monte, entró y allí alrededor del fuego bailaba una mujer, era la Küpüka. Su casa estaba completamente abastecida, tenía papas, arvejas, maíz, de todo para un buen pasar. Él saludó con respeto a la mujer, conversaron y se hicieron amigos; el hombre se enamoró y con el tiempo se casaron.

La mujer al saber que el hombre era pobre, viudo y que tenía cuatro hijos, le dijo: ‘Si tienes hijos, tráelos; aquí hay de todo para alimentarlos y cuidarlos’. Así el hombre llevó a sus hijos, estos comían y se alojaban en la casa de la Küpüka. Una noche mientras conversaban alrededor del fuego, uno de los niños al mirar los pies de la mujer quedó sorprendido, y riéndose dijo: mira, ella tiene solo dos dedos. Al escuchar el comentario Küpüka se enojó mucho, pateó su casa, su comida, y así desapareció todo, el fuego, la riqueza y Küpüka. El hombre desesperado dijo a su hijo: —¡Ay, por qué te burlaste de la ñaña (la amiga) ¡qué vamos a hacer ahora!, nos hemos quedado sin nada.

Volvieron a su casa original. Allí en la soledad, aconsejó a todos sus hijos, les pidió que nunca se burlen de lo que vean… y menos de las personas. Pasado el tiempo el hombre regresó a vivir con la Küpüka, y allí se quedaron en medio del bosque, con toda la familia. La gente dice que Küpüka siempre ha sido generosa, no solo con las familias, también con las mujeres; en tiempo de los ngillatun (ceremonias), cuando las mujeres no alcanzan a preparar la comida, dejan a medias las tareas y se van a dormir. Küpüka viene de noche y a escondidas les ayuda, al otro día toda la comida está lista, el mültrün (pan integral de trigo cocido), el müday (bebida a base de trigo o maíz), la harina tostada. También dice que cuando Küpüka canta, es porque va a llover. Los antiguos cuentan que Küpüka es un venado hembra, por eso sólo tiene dos dedos”.

Este cuento mapuche me recuerda a Saqi K’óxol, del Popol Wuj, el ser que se fue agarrando entre las ramas de los árboles; es decir, se ocultó entre el bosque para no ser petrificado cuando salió el sol y secó la superficie de la tierra. Se agrega que sin Saqi K’oxol “tal vez no tendríamos nuestra gloria hoy” porque habrían sido devorados por animales voraces. Ya en la historia oral se dice que él es el “dueño de las montañas”, Ajaw Juyub le dicen, y de ahí se derivan otras historias con las que nos entretenían nuestros abuelos cuando éramos niños. Se cuenta que como dueño de las montañas tiene sus propios bienes y animales, que da refugio y alimento en las montañas y que pueden pasar años sin que las personas beneficiarias de su generosidad se den cuenta del paso del tiempo.

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2 comentarios en “Küpüka

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