Literatura maya (-)


Para terminar con esta serie de artículos sobre la literatura maya y derivada del libro de Dennis Tedlock 2000 Years of Mayan Literature, haré un pequeño resumen.

Debe decirse entonces que los ancestros mayas escribían ya desde hace 400 años antes de Cristo; que como buenos matemáticos y astrónomos estudiaron el movimiento de los astros. Es más, como escribió otro profesor, la universidad maya estuvo ubicada en Copán, y se asume que los astrónomos y matemáticos ancestrales eran verdaderos ajq’ijab, no como los astrólogos de la actualidad. Eric Thompson, el arqueólogo y epigrafista inglés, basado en estudios anteriores a su época, llegó a la conclusión de que el calendario de 260 días estaba basado en el ciclo solar, y que los 105 días restantes para ajustar el año solar era porque el sol pasaba al lado norte, y esto, visto desde Yucatán. Por eso él escribió que era improbable que ese calendario estuviera asociado con el tiempo de gestación, porque primero había que conocer el tiempo antes que la reproducción humana.

Pero volviendo a la escritura maya, [ésta] continuó después de la invasión española, y el recuento de esa obra es abundante en distintos idiomas. Que no se conozca en el país es por pura ignorancia, y como ejemplo, el calendario de 1722, escrito en Lajuj Kej, pero que los wachas académicos de por allá en su arrogancia desconocen. Conforme a esa copia, se deduce que por lo menos fueron dos personas las que escribieron el documento original. El texto está en idioma k’iche’ y tiene dos partes. La primera se refiere a la cuenta de 360 días más los cinco días llamados tz’api q’ij, y la segunda son calendarios sobre la cuenta de 260 días. Uno de los autores que fue sometido a la religión católica y luego apresado huyó de la cárcel. El texto comienza identificando a los cuatro mam o “cargadores del tiempo”, uno de los cuales ocurrió un jueves. Por la resemblanza que tiene en su forma escrita con antiguos textos jeroglíficos, se le denomina Códice K’iche’.

En 1973, Robert Carmack lo describió brevemente; en 1997, Munro Edmonson publicó un estudio; y en 1999, Bárbara Tedlock escribió dos ensayos sobre dicho documento. Uno de los datos más importantes por señalar es que Bárbara Tedlock dice que cuando este calendario fue compilado, la más reciente ascensión de Venus, como estrella de la mañana, había ocurrido el 19 de junio de 1721, que cayó precisamente en el día 3 Toj, que encabeza uno de los almanaques en aquel documento. Aparte de la interpretación que se le haya podido dar a aquella aparición de Venus, indica que cuando se escribió el documento se tenía conocimiento de un fenómeno astronómico también señalado en otro documento más antiguo. Este dato demuestra que en el siglo XVIII y conforme al récord escrito disponible, en el altiplano maya, se continuaba llevando la cuenta de los ciclos de Venus.

Desde el punto del lenguaje, el texto sigue el canon poético del verso maya. En uno de los almanaques se dice lo siguiente:

Utzilaj q’ij/ are chinuk’ wi tz’ibanik/ k’otonik/ su’anik/ q’ojomanik/ bixanik….

En español esto quiere decir:

Estos días son propicios:/ son días para comenzar a escribir-pintar/ para esculpir/ para tocar flauta/ para tocar tambores/ para cantar…

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