Nuestras montañas


En mi infancia, mi papá me llevaba a sembrar árboles a un cerro. Allí aprendí de unas plantas que guardan agua y bebía de ahí. Dos perritos nos acompañaban a cruzar un barranco, del cual me habían contado que estaba lleno de cadáveres, lo cual no era cierto, solo vegetación. En el lugar hay una piedra con unas huellas prehistóricas que me gustaba ver, y más de alguna vez caí de un árbol por travesuras, y una de mis hermanas tuvo que ir a recogerme. Xe’ul se llama el lugar donde pensamos reunirnos con mis hermanos para recordar tiempos de infancia, y el título de este artículo viene porque una de ellas así lo nombró. Xe’ul quiere decir lugar derrumbado, porque seguramente en la antigüedad parte del cerro se derrumbó y por eso hay muchas piedras. Luego, mi papá sembró ciruelas, pero la producción era muy escasa, y la milpa tampoco se dio porque el lugar era montañoso. De allí se sube al lugar donde, según la historia de Cantel, Barrios apostó a sus soldados para oprimir al municipio.

Allá, desde la aldea se puede ver al frente, el cerro Xe’ Chuitan, viendo un poco hacia el sur está el Cerro Quemado, cuya ladera se ve deforestada o tal vez sea porque es rocoso. En su falda se divisa un poblado y uno más al fondo. A ese cerro lo he visto del otro lado camino a Chuwi’ Pache, que conecta con Pa Lajuj No’j (en El Palmar), y en esa parte se ve cierta abundancia de árboles. A su lado se ve el imponente volcán Santa María, coronado de nubes. Entre el volcán y la siguiente cadena de montañas se adivina la Costa Sur y el mar. Del lado sur, propiamente dicho, inicia una ladera que enlaza con el Jolom, un cerro así llamado porque tiene forma de cabeza; de allí siguen las montañas, algunas deforestas donde la otra vez divisé techos de lámina y me imaginé el frío que ha de hacer por allá entre las nubes; es una aldea que ha de ser como la nueva Santa Catarina Ixtahuacán, lugar sobre el cual una vez escribí que nacía el frío. Luego se entronca con las Siete Cruces, un cerro en el vértice entre el sur y el este.

Siguiendo la línea de cerros, casi llegando al lado norte se divisan torres de hierro, pero aún se pueden ver los peñascos donde los coyotes aullaban y asustaban en medio del silencio y oscuridad de la noche, y bajaban a comer gallinas, y el único rastro que dejaban eran las plumas. De esos animales no creo que quede alguno, excepto en los zoológicos. Lo interesante de ese lado es que si arriba está deforestado, algunas partes de las faldas de las montañas se ven verdes con árboles nuevos. Hace varios años, esa parte también estaba deforestada y quiero pensar que los vecinos se dieron cuenta de la escasez de agua, para tomar cartas en el asunto. Desde allí, los cerros van disminuyendo en el lado norte, aunque destaca el cerro K’i’aq, hasta llegar a las planicies de Quetzaltenango. Estas son las cuatro esquinas, los cuatro lados de Cantel.

PA JUN CHOLAJ CHIK. Me cuenta un amigo que tiene una prima que se llama Clementina, pero por sus travesuras la llama Trementina, porque es tremenda. Otro es que en una reunión de dos alcaldes había una persona en medio y le preguntaron cómo se sentía y contestó: “puro Jesucristo, porque ando entre dos ladrones”. Wa’ we tajin kintz’ibaj wakamik wene’ xaq kuk’ut nubisonik. Necher kanataj chwe ri juyub jawjechi xinbin wi ruk nutat, e ka’ib qatz’i’ kujkiteren. Ri man kasach ta chwe are ri che’ kuk’ol joron chi taq xqasaqij qachi’ xqaq’ato.

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