Comentario instructivo


A cuenta de artículos relacionados al Popol Wuj, recibí un interesante mensaje de un distinguido profesor guatemalteco que está dando clases en los EE.UU.

A cuenta de últimos artículos relacionados al Popol Wuj, recibí un interesante mensaje de un distinguido profesor guatemalteco que está dando clases en los EE.UU. Por la importancia de su contenido, voy a reproducir las partes más importantes; aunque, para evitarle problemas, me reservo su nombre. Él es un profesional que ha estudiado el Códice K’iche’, que no creo que los más esclarecidos “brujos” del país hayan leído o escuchado alguna vez, porque muchos de ellos creen traer un conocimiento innato. ¡A nosotros los mortales nos cuesta, y tenemos que estudiarlo! De plano, como ironizó otro: el maíz embrutece.

Dice este amigo, acerca de los devaluados congresos sobre el Popol Wuj: “Yo nunca he podido asistir pero me comentaban unos colegas que la última vez estuvo bastante desorganizado: ponencias malas, poca discusión y mucha descalificación… Hay algunos dentro del movimiento maya que parecen creer que con el hecho de haber nacido en una comunidad del altiplano, hablar una lengua maya y vestir camisas ‘típicas’ se puede hablar en nombre de todos los mayas, vivos y muertos”. Aquí agrego yo que varios de los autonombrados dirigentes mayas, siguiendo la tradición de sus ancestros kaxlanes, se amarran el pelo al estilo de aquéllos. Ni siquiera saben cómo se hacía en la antigüedad.

Pero siguiendo con la nota en mención: “Hay quien dice que puede entender hasta el protomaya, sin estudios ni nada. Lo malo es que mucho de esto no es más que el reflejo de ambiciones personales y pugnas por los beneficios de la cooperación internacional y el Gobierno. Yo, como más que maya parezco más bien criollo, mejor me callo estos temas en Guatemala.

Pero me parece importantísimo que se pueda crear un espacio donde se pueda discutir sobre el pasado de los mayas con rigor académico. No estoy de acuerdo con que se abran todos los espacios a todos. Hay temas que exigen cierta preparación técnica y honradez intelectual: ciertamente mezclar a políticos es lo peor que se puede hacer, y es feo tener que poner a alguno en su lugar por no saber lo que está diciendo. ¿Pero cómo se puede hablar a profundidad, por ejemplo, sobre el significado del Tolk’om en el Memorial de Tekpan-Atitlan, si no se sabe de la tradición de los impersonators tan bien documentada en el centro de México? ¿Qué le voy a decir a un compañero maya si me dice que yo no entiendo lo que quiere decir el texto porque soy un kaxlan, o peor, un mo’s o un xex, como dicen, ‘con mucho cariño’ algunos tecpanecos, o porque soy un maya kaxlanizado?

Ese discursito medio racista que se maneja a veces para descalificar a los mayas kaxlanizados es digno de cualquier encomendero español… Sin embargo, es desanimarse o dejarles los espacios a los tontos, sin por lo menos montar la pelea… ¡hasta la próxima!”.

 

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