Tejiendo las huellas


Este es un libro que enlaza poesía y fotografía.

La semana pasada se presentó, durante la Feria Internacional del Libro, un hermoso y lujoso volumen cuyo nombre completo es Guatemala: Tejiendo las huellas, impreso en Uruguay. El fotógrafo es Jorge Aramburú, quien estuvo trabajando en este país para las Naciones Unidas y si no estuvo en la presentación fue porque literalmente estaba atrapado en Beirut en aquella guerra sin fin. El poeta es Humberto Ak’abal. Este es un libro cuyas fotos cubren páginas enteras y dan cuenta de una Guatemala que muchos desearían ignorar. Pero así como hay fotos que expresan la desolación, el dolor y la tristeza, también hay otras llenas de vida y color.

Aramburú, como fotógrafo, cuenta que la poesía de Ak’abal entró en su vida “como una ráfaga de luz”, y que alguien le contó que sus fotografías le recordaban los poemas de Ak’abal, y eso lo llevó a leer algunos de los libros del poeta que lo hicieron reír, llorar; pero, sobre todo, meditar. Humberto, por su parte, hace un breve recorrido sobre el recuerdo y la memoria de los pueblos indígenas cuando escribe: “Y a los puntos cardinales, a quienes llamamos guardianes de los lados del mundo, los nombramos con colores…”.

Leyendo esos poemas con el trasfondo de las fotos o viendo las fotos “explicadas” a través de versos se siente que hay un hilo conductor desde la primera a la última página. Así, el primer texto es aquel donde el poeta expresa su intención de sacar a pasear “en hojas de papel”: Lomas, cerros, barrancos y pueblos viejos. De ahí viene una correntada de versos e imágenes con una parada casi obligatoria ante una foto a dos páginas donde un poema breve dice: “La sombra del grito/ se llama/ eco”, y uno se puede imaginar aquella sombra rebotando sobre el volcán y los cerros en aquel crepúsculo. El último poema lo constituye “La flor amarilla de los sepulcros”, en el que se pregunta “¿Por qué somos perseguidos los indios?/ ¿Qué te hemos hecho, Guatemala?/ ¿Por qué ese odio, esa sed de sangre…?”, y en una de las fotos que lo ilustran se ve a una familia Ixil que espera ansiosa la entrega de los restos de un familiar exhumado. Ahí se puede ver la angustia, la incertidumbre… Los versos terminan así: “Apenas te puedo mirar entre mis/ lágrimas/ buscá hoy tu contento/ porque mañana…/ ¡quién sabe…!”. Pero la vida renace, como lo ilustra la última foto donde tres jovencitas empiezan a recorrer un camino.

La contraportada del libro fue escrita por Eduardo Galeano, quien dice: “Las palabras y las imágenes se encuentran para decir a Guatemala. Para decir a Guatemala, se encuentran los paisajes y las gentes. En esta tierra viven sus hijos. En sus hijos vive esta tierra. Este libro es, como Guatemala, una ceremonia de comunión”.

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