El acabose


Muy en el fondo, reconocen que la llamada “unidad nacional” está pegada con chicle.

Para los alarmistas, el hecho de que habitantes de un municipio de San Marcos o de Zacapa se manifiesten en temas que atañen a su comunidad, significa el derrumbe de la patria.

Se dice que el populismo ha llegado, que el espectro de Bolivia empieza a sentirse, que viene la ingobernabilidad, que los pueblos indígenas van ahora a pedir su independencia, etcétera. En el imaginario chapín, se produce toda una debacle porque algunos habitantes ejercen un derecho establecido en la legislación.

Esto demuestra que muy en el fondo, estos alarmistas reconocen también que la llamada “unidad nacional” está pegada con chicle y lo que llaman democracia, no pasa de las elecciones de cada cuatro años.

Muchos de ellos quisieran que desde la capital, el Gobierno tomara decisiones inconsultas porque los habitantes de los municipios y sobre todo, si son indígenas “no saben” lo que es bueno para ellos ¿cómo se llama a eso? La respuesta es obvia.

Que las consultas van a traer caos como dicen estos agoreros, es falso y mal intencionado. Lo que los habitantes de Sipakapa y Río Hondo hicieron, fue precisamente fortalecer el estado de Derecho que el Gobierno trata de socavar en esos asuntos.

Estos ciudadanos han sido más formalistas con la ley, antes que el Estado. En el caso de Sipakapa, además, los habitantes tratan de insertarse en el andamiaje legal excluyente y se les cuestiona.

No hay peligro, pues, que esto sea el inicio de un separatismo porque lo que se está haciendo, es precisamente lo contrario, actuar dentro de la normativa legal guatemalteca y lo que se exige es que en este balbuceo de inclusión, la opinión de la comunidad sea escuchada.

Y he aquí la paradoja chapina, si los mayas piden inclusión se les rechaza y si por la misma exclusión esos habitantes ejercieran su autonomía, sepan los dioses lo que podría ocurrir.

Por lo visto, los indígenas en general, sólo son buenos para la postal con que se atrae a turistas extranjeros o como piensa Berger, buenos para edecanes; pero que ejerzan su ciudadanía, eso sí que ya no, porque es el acabose de su patria excluyente.

Y a todo esto, ¿dónde han quedado los promotores del Convenio 169? ¿Qué dicen las llamadas defensorías indígenas?

Como me escribe un amigo lector de Chuwi’ Mek’ena: “Los expertos en derecho indígena y del Convenio 169, lo son únicamente en foros y diplomados”. Luego se pregunta: “¿Tendrán los argumentos y temple para litigar estos casos en los tribunales?”.

JAS BA LO KAKIBIJ ri kibinaj kib moloj k’amal taq be? Qastzij lo chi wakamik ketatabex taj necher maj kibij chi rij xbantaj pa Sipakapa. A xa lo kixe’j kib,, xa lo man utz ta kakilo ri xkiban qawinaqil ri’?. Rajawaxik qetobaj ri qachalal pa ri popol tzij xkiban apanoq. We man qaban wakamik, chwe’q maj ubeyal.

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