Otro caso de curas


Ojalá que esa comunidad no olvide que el cura es nada más un huésped; no un capataz.

De nuevo he recibido mensajes de lectores del departamento de Sololá y sin ánimo de convertir este espacio en centro de quejas de los wachalales, comento lo siguiente, no si antes aclarar que cuando recibo esta clase de información, la confronto con otras fuentes. El tema que comparto hoy, lo escuché el año pasado y ahora que se acerca la fiesta de San Juan vuelve a ocurrir lo mismo.

Sucede que el cura del lugar, en esta ocasión guatemalteco y para más señas de origen kaqchikel, se le ha ocurrido prohibir que frente al atrio de la iglesia, se presente el “baile de la conquista” porque considera que los ritos que lo anteceden son actos idólatras.

Personalmente no defiendo la presentación de ese baile porque me parece un acto de masoquismo, aún y cuando se interprete como una representación de la derrota del líder político, del líder militar, pero no del héroe cultural.

Algunas comunidades sin embargo, le dan otra lectura y les sirve como medio para rescatar otros rituales. Aquí debe recordarse que quien escribió esa danza fue otro cura, con la intención de sustituir otras de origen prehispánico.

La oposición de este cura kaqchikel no deviene precisamente porque no le gusta lo que uno de sus antecesores religiosos escribió, sino porque a su parecer, las ceremonias que preceden al baile son actos de brujería, como si lo mismo no pudiera decirse de los que dicen convertir el agua en vino.

El año pasado, la comunidad tuvo dificultad para efectuar esas ceremonias y ahora tratando de llegar a un acuerdo, se convocó al cura y a sus socios para limar asperezas; pero como el cura se siente dueño del pueblo, siempre dice no y le está dando largas al asunto.

Eso sí, no se opone a que los juegos mecánicos se instalen en el atrio de la iglesia y quien sabe si no a cambio de algún porcentaje.

Y es que aquí hay otro problema, muchos católicos de aquel lugar piensan que cuestionar al cura o desobedecerlo, es un pecado y el cura por supuesto, se aprovecha de esta falsa creencia.

Pero “gracias a Dios”, como dice uno de los mensajes que he recibido, “es más la gente que ya está despierta y ya no están dispuestos a seguir agachando la cabeza”.

Así que quiera el cura o no, según me han dicho, el baile y los rituales que lo anteceden, se van desarrollar. Así que de nuevo, tenemos otro caso de curas de Sololá que por prepotencia, ignorancia o fanatismo arremeten en contra de las costumbres de una feligresía que ingenuamente los sigue.

Ojalá que la comunidad no se deje y los habitantes de ese municipio no olviden que el cura es nada más un huésped; no un capataz religioso.

WACHALAL: chiyaka’ ba iwib, man kaya’ ta iwib chi kiwach parib kibinaj kib k’amal taq be. E are xaq e ula’, man etaqanel taj.

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