Consejo Asesor Indígena


Mientras su opinión no sea vinculante, todo quedará en simples buenas intenciones.

Con cierta sorpresa leí el domingo pasado que se piensa crear un Consejo Asesor Indígena (CAI), para apoyar directamente a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la República.

En lo que a mí respecta, me pareció más una broma encontrar mi nombre entre las eventuales personas a ser consultadas para conformar dicho Consejo.

No es que desconfíe de todo lo que viene del Estado; sino que comparto en gran medida la opinión de Pavel Centeno, de Flacso, quien dijo que es mejor que el Gobierno cumpla con los Acuerdos de Paz y los tratados internacionales. Aquí sólo habría que agregar que también cumpla con la Constitución y leyes internas del país.

Si bien es cierto que crear espacios dentro del Estado es positivo, esto debe hacerse a nivel estructural, no a través de un ente que sólo emita opinión. Es más, el gobierno ya cuenta con algunos funcionarios y asesores indígenas. Me temo que lo que se quiere hacer con el CAI, es crear un elefante blanco que incluso, puede estar ya conformado.

En una comparación, la Procuraduría General de la Nación, es un ente asesor y consultor del Estado; debidamente establecida por norma constitucional y ni aún así, la Presidencia la toma en cuenta. El tema partidario es asunto aparte.

Un ejemplo más próximo, es la Comisión Presidencial en Contra de la Discriminación y el Racismo; que siendo más que un ente asesor porque tiene objetivos concretos y cuenta con fondos propios; sólo brilla por su falta de acción. En mi opinión, esto del CAI es una estrategia de coaptación, como la ejecutada por Alfonso Portillo.

Si Eduardo Stein quisiera ayudar a cambiar en algo al país ¿por qué no propuso, por ejemplo, conformar un equipo multiétnico de profesionales calificados cuando se creo la Comisión para la Reforma Política del Estado?

Primero desapareció dicha Comisión antes que sus propuestas fueran discutidas. Stein sabe muy bien que el Estado guatemalteco es “autoritario, centralista, excluyente, racista y disperso” como lo hizo ver a Prensa Libre del 21/1/05 y eso no se cambia, con una simple asesoría. Aquí se separa a Berger, porque él es vocero empresarial y entiende poco de asuntos de Estado.

Aunque al momento de escribir esto, ¡tal vez no! y sea más astuto de lo que se cree. Quizás utiliza una supuesta ingenuidad para avanzar la causa de sus socios.

Por aparte, comprendo el entusiasmo de dos de mis lectores consultados, uno de ellos nombrado en la lista publicada ese domingo. Está bien que se abran espacios dentro del Estado; pero está mal que a los mayas se nos quiera dar atol con el dedo. El CAI podrá sugerir maravillas, pero mientras su opinión no sea vinculante, todo quedará en simples buenas intenciones. KAQIL BA QIB!

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