Chwa Nima Ab’äj (·)


Ese lugar fue un bastión donde los invasores recibieron una dosis de su propia medicina.

Bajo este nombre se acaba de publicar por la editorial Cholsamaj, el libro sobre Mixco Viejo de Guillermo Paz Cárcamo.

El autor no es historiador y quizá por eso se sale de aquel esquema tradicional e incluso hay párrafos escritos con pasión que no le resta mérito a la obra, si no le da un sello distintivo. Entre esos párrafos destacan lo dicho sobre los asesinados Kaji’ Imox y K’iyawit Kaweq por parte de Pedro de Alvarado y sobre éste último.

De los primeros dice: “Los hombres, esos señalados por la historia, simplemente no mueren como los otros que mueren de su muerte; ellos sólo mueren en la carne para empezar el ciclo de vida del espíritu incorrupto donde el tiempo regresa a su origen”.

En cambio, de Pedro de Alvarado dice: “Llegó a estas tierras cuando tenía 25 años, sin nada; se fue cuando tenía 56, sin nada y sin alma”.

El libro está ilustrado con hermosas imágenes del centro ceremonial conocido como Mixco Viejo, que más bien debería llamarse Jilotepeque Viejo; porque como argumenta el autor, ese lugar no era poqomam, sino kaqchikel.

Sin embargo, la fotografía no exime a la editorial a efectuar un mejor trabajo. Entre otros errores se dice “alguiénes” y un hecho histórico aparece con dos fechas distintas.

Este tipo de problemas irresistiblemente me recuerda el libro Hablando Solo del doctor José Barnoya donde aparecen dos sanates, uno escrito con z y otro con s. En la presentación de aquel libro, el editor comentó que revisaron una y otra vez el texto, pero se les escapó ese error, aunque con humor agregó que la diferencia consistía en que el zanate, con z, era de color azul.

Pero volviendo al libro de Paz Cárcamo, el recorrido histórico que se hace del asalto al sitio y la búsqueda de La Cueva Encantada donde supuestamente se encontraban tesoros escondidos, le dan halo de misterio a la narrativa.

Ese lugar, por aparte fue un bastión donde los invasores recibieron una dosis de su propia medicina y si al final de cuentas cayó, representa el heroísmo que le falta a la nacionalidad guatemalteca. A ello hay que sumar, agrega el autor, la heroica resistencia de los mames comandados por Kaybil Balam.

Un punto central del libro es, sin embargo, desmentir que los kaqchikeles fueron traidores como la historia oficial los ha presentado por siglos.

Esto, dice Paz Cárcamo, es una “gran calumnia y falsedad” que entre razones tiene como objetivo “dividir y alimentar odios infundados entre dos de las comunidades más grandes de los pueblos maya”.

Hasta ahí todo va muy bien, pero la negación explícita de Tekum Umam por parte del autor es insostenible y objeto del próximo artículo.

PA OXIJ kintz’aqataj ubaq nuch’atem rech wakamik. K’ate lo kujtzijon jutij chik.

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