De los indios


El silencio chapín ante ese insulto es de clara complicidad. Aparte son unos y aparte son los otros.

Después de la victoria de la se lección guatemalteca sobre la hondureña, parece que la amargura de la derrota ante Costa Rica ha quedado atrás. Incluso, de los insultos recibidos allá, apenas se dijo algo.

Como es sabido, los ticos gritaban a los guatemaltecos presentes en el estadio: “Indios, indios, indios” y más de algún aficionado contestó: “Somos indios, por la gracia de Dios, pero les vamos a ganar”. (elPeriódico 11/10/04).

Lo interesante es que los guatemaltecos aguantaron el insulto de los ticos con estoicismo, y aunque estuvo muy bien que algunos probaran de su propio chocolate, no deja de llamar la atención el menosprecio que se tiene a los pueblos originarios de este Continente.

En Costa Rica al igual que en Guatemala, lo “indio” es sinónimo de atraso, pasado, salvaje, tonto, necio etcétera.

La ladinidad y la latino-americanidad en general, asocian lo negativo con lo “indio”. Si se asume el mestizaje como parte esencial de estos países, este es un claro desprecio a la sangre que les dio origen y sucede aquí como en otros países.

En el caso local no importa que gracias a esos “indios”, Guatemala tenga algo que enseñarle al mundo.

Los insultos proferidos en Costa Rica evidencian que la cultura costarricense no es tan distinta a la chapina.

Tal vez por eso los indios Guaymí alguna vez no se consideraron panameños ni ticos; sino un pueblo aparte.

Recuerdo que un profesor de derecho de aquel país comentó que si él fuera guatemalteco, no dormiría tranquilo por el miedo a que los “indios” bajaran de la montaña.

Esto mismo han de sentir algunos chapines ante el insignificante acceso de algunos mayas a ambientes que antes les había sido negado.

Aquel profesor tico también contó que un cacique Guaymí construyó su casa en la línea fronteriza entre Panamá y Costa Rica con su dormitorio en un país y el inodoro en otro.

Por aparte, una antropóloga tica se lamentó hace años en EE.UU. que su país no tenía “indios” para estudiar y de esa cuenta, agregó, se veía obligada a estudiar a los “indios” mayas que estaban refugiados en su país. ¡Hasta para eso sirve la indianidad! Pero fuera de eso, lo “indio” es despreciable.

El silencio chapín ante el insulto a sus coterráneos es de clara complicidad. Por un lado se dice que debemos conformar una sola nacionalidad, pero a la hora de rajar ocote, aparte son unos y aparte son los otros.

El país al final, se ha de pensar, no está comandado por “indios”; aunque afuera la percepción pueda ser otra. Aparentemente, esos ticos y muchos chapines siguen viendo al padre como su modelo de vida, y a la madre como la responsable de su atraso.

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