Ri Kʼiaq


Ahora la cúspide del domo volcánico es un centro ceremonial ecuménico. 

Conforme el mito, lo que ahora se conoce como Cerro Quemado fue el volcán más alto de la región. Sin embargo, su vanidad fue tan grande como su tamaño que una mañana no se quitó el sombrero, como de costumbre hacían todos los volcanes a la salida del sol.

Esto hizo que el sol se enojara y de un manotazo le tirara el sombrero que fue a caer hasta un valle de Cantel que con el tiempo se llegó a llamar Kʼ’iaq, que en kaxlan tzij quiere decir “pulga”. El Kʼ’iaq es un domo volcánico que se alinea geológicamente con el K’uxnikel de Totonicapán, el Witan de Almolonga, Cerro Quemado, volcán Santa María y el Santiaguito.

Subir a ese cerro con planta de volcán no es ningún desafío. Cada día lo suben y bajan vecinos del lugar en una escalada de menos de una hora. Esto, sin embargo, no es tan fácil después de una escalada anterior a Chikabal y de una caminata de más de tres kilómetros de distancia. En el lomo izquierdo del Kʼ’iaq se asienta ahora un pequeño cementerio donde los muertos parecieran resguardar el lugar y observar cada tarde la caída del sol detrás del volcán Santa María.

Desde el Kʼ’iaq se puede ver perfectamente el pedazo faltante al Cerro Quemado y por eso uno puede presumir que está sobre lo que una vez fue la cúspide del volcán que está enfrente.

Las laderas del Kʼ’iaq tienen nombres asociados a partes humanas: su frente, su espalda y costados.

Este fue un lugar que la zona militar de Quetzaltenango a finales de 1960 quiso apropiarse para entrenamiento militar; sin embargo, los pobladores se opusieron. En su defensa, la población argumentó que ese era un sitio arqueológico y así fue probado.

Ahí se encontraron varios artefactos mayas, y según recuerdo, como estudiante de primaria, que los maestros de la escuela nos enseñaron lo que habrían sido unas tumbas prehispánicas. Esto evitó que el Ejército tomara posesión del lugar. Ahora la cúspide del domo es un centro ceremonial ecuménico.

Los sacerdotes mayas continúan practicando sus ceremonias y a ellos se suman, aunque por separado, católicos y evangélicos que suben a celebrar sus ritos cristianos.

Hasta la fecha, el lugar se ha mantenido más o menos cuidado, gracias a la responsabilidad de los que lo visitan; sin embargo, si éste se convirtiera en un lugar turístico, la municipalidad de Cantel tendría que seguir el ejemplo de San Martín Sacatepéquez, donde los vecinos cuidan y administran Twi’ tqan jbal.

WETA RI AJK’ʼAMAL BE re watinamit Qʼ’anteʼ’l kichomaj jubiqʼ’, ri Kʼ’iaq kuyaʼ’ kuxik juj je’lalaj binem ilbal. Are ba rajawaxik ki’ʼilitaj jutzʼ’it chi rij ri ilbal ri’.

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