Neblina que camina


Como regalo o como advertencia, la neblina empezó a caminar sobre el agua. 

Un espeso manto de neblina cubría la laguna que sabíamos estaba allá abajo, y quizás el soplo de uno de los dioses que habitan el lugar la empujó por un momento, justo el tiempo necesario para permitirnos admirar el agua encantada que se encuentra en el cráter de Chikabal. Desde ese mirador se veía el agua azul manchada únicamente por el pincel de los árboles que extendían su sombra sobre el agua.

Al lado opuesto se podía adivinar a través de las nubes el volcán Santa María y el Santiaguito, que quizás en unos milenios será otro de los volcanes a ser derribado por el dios de los terremotos. TWI’ TQAN JBAL, nombre mam del lugar que con el tiempo se fue corrompiendo a Chikabal, que significa “arriba del origen de la lluvia”, aunque habitantes del lugar le dan una etimología que equivale a “madre del agua que cae del cielo”, se ubica en San Martín Sacatepéquez, Quetzaltenango.

Bajamos las gradas hasta llegar a los altares que circundan la laguna y ahí tocamos el agua que brota del cráter. De pronto, y como regalo de la naturaleza o como advertencia para no perturbar el sitio sagrado, otro manto de neblina empezó a caminar sobre el agua. En medio de aquel silencio y la humedad, sólo se escuchaba el canto de unos cuantos pájaros. Decidimos entonces circundar la laguna. Es una caminata que dura aproximadamente una hora sobre una vereda que se pierde a veces entre los matorrales y el agua. La sorpresa es encontrar a una ardilla entre los árboles y en el agua a un cangrejo, único habitante del aquel lugar. La subida a la cresta del volcán, que uno de mis amigos llamó: “la única bajada que es subida”, es menos difícil porque quizás los espíritus que ahí habitan lo acompañan a uno para apreciar de nuevo el agua desde una altura mayor.

Y es que para bajar de la laguna hay que escalar de nuevo. Uno decide si sigue el camino de los turistas y regresa, o si sube hasta la cúspide que está resguardada por moras y espinas y desde donde la vista es mucho más hermosa.

Esta experiencia la viví hace poco, gracias a la invitación de amigos. Al día siguiente subimos otro domo volcánico del cual quizás hable otro día. Chikabal es para visitar, está administrado por vecinos del lugar, personas amables y responsables que si uno no ha bajado después de las cuatro de la tarde, suben a averiguar si no hubo algún problema. La única sugerencia que habría que dar es que cada visitante traiga de regreso su basura. Es imperdonable ensuciar un lugar donde el agua brota de un cráter y donde los espíritus del bosque cuidan cada altar que ahí se encuentra.

NUK’ʼUʼX ruk’ʼ tat Mateo pa ri unimaqʼ’ij!

 

 

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