Los otros sí, ellos no


Si la libre expresión no ha logrado su máximo desarrollo, es absurdo querer restringirla. El FRG ha de estar tan desesperado porque la prensa publica sus desmanes, que ahora arremete contra los periodistas no colegiados.

Ojalá así fueran también con su propia gente para evitar tener mecánicos, maestros, bachilleres y equivalentes en puestos técnicos de la administración pública. No es que una credencial de nivel medio desmerite a los funcionarios, sino que el FRG hasta ha cambiado la ley para colocar a su gente en puestos claves como el caso del actual director del FIS.

O sea que cuando se trata de miembros del partido se “mira para abajo”; pero cuando se trata de la prensa, principal y casi único contrapeso institucional que existe en el país, se “mira para arriba” y se exige colegiación obligatoria, lo cual implica grado universitario. Esta pretensión de limitar la libre expresión ha de derivar del hecho que en Guatemala prácticamente sólo la prensa fiscaliza la función pública.

De parte del Estado ya casi no hay entidades que actúan con independencia. Si no, véase la vergonzosa actuación de la CC en el caso de los diputados implicados en guarogate y ahora con su “güizachada” para retrasar el antejuicio contra Reyes López.

No basta con que un funcionario sea leal al partido; se requiere preparación como el que se pretende exigir a los periodistas. Un buen ejemplo de mal desempeño es el caso de Byron Barrientos, que regresa muy tranquilo a su curul sin siquiera querer aclarar su responsabilidad, por acción u omisión, en el jineteo de fondos del ministerio de Gobernación. A este especialista en seguridad hay que recordarle la fuga de reos de la cárcel “máxima seguridad” y la desaparición de su ex subalterno señalado de llevarse Q60 millones. Si no tenía control en ese ministerio, ¿cómo esperar alguna seguridad ciudadana?

Mal que bien, si no fuera por la prensa independiente, la población no llegaría a tener conocimiento del desgobierno, del despilfarro, jineteo y saqueo de fondos públicos, la corrupción, alteración de leyes etcétera. La libertad de expresión es un derecho de todo ciudadano, independiente de su formación académica. Y si bien, en Guatemala este derecho no ha logrado su máximo desarrollo, es absurdo querer restringirlo como solapadamente pretenden muchos del FRG que tampoco tienen grado universitario.

Señores del FRG: se predica con el ejemplo. Hablando de títulos y de colegiación obligatoria, ¿cuál es el grado académico de la “miss Congreso”? y, ¿en qué colegios profesionales estarán inscritos los licenciados Alfonso Portillo y Eduardo Weymann?

QIJILANIK chike konojel ri ketz’ʼiban pa taq tixbachin wuj. Iwir xok’ow kiq’ʼij. Tzij ba lo chiʼ man qonojel taj kutz’ʼiban pa jun tixbachin wuj, ri qawinaq man ketzʼ’iban ta pa qach’abal. Rumal k’u waʼ man utz taj we kakoj ch’ekaj chike ri ketz’ʼibanik.

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